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EL AUTORRETRATO PERDIDO DE JORGE MOLDER
David Barro
2006-11-00

 

EL AUTORRETRATO PERDIDO DE JORGE MOLDER

 

Si en algo ha insistido Jorge Molder es en utilizar su propio cuerpo como modelo para las fotografías. Pero sus obras no podemos entenderlas como autorretratos, sino más bien como desdoblamientos o deconstrucciones del propio ‘yo', algo que le sirve para conformar otros personajes a partir de esa imagen ¿No es así?

Efectivamente, son autorrepresentaciones y no autorretratos. Particularmente, no me reconozco en esas figuras. Es una derivación indirecta con indicios de identidad e indicios de cambio. Esos cambios o mudanzas, por momentos, se acercan al autorretrato. En las exposiciones no siento que soy yo el que está ahí pero naturalmente hay aspectos que me permiten reconocerme. En todo caso, insisto en subrayar que no son autorretratos. En esta exposición para la Fundación Telefónica, queda claro todo esto ya que está muy centrada en la cuestión de la autorrepresentación. De una formal general, son fotografías donde yo soy el protagonista o donde encuentro correspondencias a ese ‘yo'.

 

Substituir particularmente por "de un modo geral"

 

Es como caminar hacia la abstracción...

Claro, porque no soy exactamente yo, ni exactamente otro. Es una realidad intermedia, abstracta en el sentido de no tener una existencia real.

 

¿Como caminar hacia un ideal?

Es que no soy yo, ni es ningún otro ser posible o concreto. Asumo que lo que hago no tiene nada que ver con la narrativa, si acaso serían unas narrativas falladas. Me siento obligado a introducir simulaciones a modo de estados que inducen a una percepción narrativa. Podría retomar una narrativa pero para recomenzar...

 

...Sería como aquel personaje escritor de la novela de Italo Calvino Si una noche de invierno un viajero, que se imagina conformando una novela sólo compuesta por principios de novela.

Posiblemente. O como cuando Paula Rego dice que está continuamente rehaciendo un libro en el que al pasar la página no hay nada más, no hay historia. Para mí la narrativa sólo puede ser simulación, si fuese otra cosa sería peligroso.

 

Artaud, Rimbaud (‘Je est un autre'), Joseph Conrad, Pessoa y su condición múltiple, ... ¿Qué lecturas o situaciones propiamente artísticas le han ayudado o condicionado en su trayectoria?

Seguramente Bacon, o Pistoletto. De Bacon asumo la cuestión del reflejo, que para él es sumamente importante. Sus cuadros se protegen obligatoriamente con un cristal y el brillo de ese cristal ha de ser brillante para reflejar la luz; la imagen posible de descubrir no siempre es descubierta. Eso me interesa enormemente. También Pistoletto, que tiñe de negro esas obsesiones para saltar de una cosa más inmediata a un universo más conceptual. Hablamos de desdoblamientos, de invención del reflejo.

 

¿Cómo nace toda esa carga semántica? ¿Cómo crea Jorge Molder un arquetipo (el jugador, el detective...)? ¿recoge referencias de otros mundos?, ¿del cine quizás?

Recojo mucho del cine, pero cuando llego a un lugar no tengo un plano preconcebido de cómo voy a actuar. Intento agitar las aguas y ver qué acontece a continuación. Funciono así, absorbiendo y atendiendo a todas las cosas que pueden acontecer o surgir a propósito de otras. De repente hay un ajuste súbito de cosas que están fuera de control. Porque el arte nunca puede estar bajo control. El artista debe preguntarse a sí mismo qué está haciendo y reflexionar sobre el mundo que lo rodea, sobre toda una serie de cosas que no tienen respuesta. Mi obra nace a partir de un encadenamiento de cosas que permiten comenzar a trabajar. Es interesante cuando un accidente en la trayectoria se torna más importante que la propia trayectoria y no es malo perder alguna idea original. 

 

Anadir; de cine e de muchas otras cosas,  ... livros, conversas etc...

 

 

 

En la trayectoria de Jorge Molder no hay muchos giros o mudanzas extremas. ¿Se podría señalar un punto de inflexión?

Sin duda, la serie Waiters, de 1986, ya que no es un trabajo de autorrepresentación. El nombre es muy preciso en función de lo que quiero mostrar: ‘los que esperan'. Esas fotografías no son instantáneas, son posados de otra gente.

 

Jorge te habló aquí de otros momentos de infléxion. Pide o que acrescentes o: "la série waiters es un deles, entre outros" o,  "waiters, por exemplo",

 

Casi siempre en blanco y negro...

Siempre tuve una atracción por el blanco y negro, lo que es normal dentro de las posibilidades lógicas y técnicas de una determinada época. Al mismo tiempo hubo un aspecto del color que me fascinó siempre, el mundo de las polaroids. El color nunca me interesó particularmente por una razón fácilmente comprensible: los procesos de control del color son muy remotos y es muy difícilmente controlable la fotografía a color. Siento la necesidad de controlar el proceso de construcción de una imagen, aunque con las posibilidades digitales ya se permite corregir la puntería.

 

Baudrillard nos habla de esa condición iconoclasta contemporánea que no consiste en destruir imágenes sino en generar una profusión de imágenes donde no hay nada que ver. También señala que "vistos muy de cerca, todos los cuerpos, todos los rostros, se asemejan". Así la confusión, las incógnitas ¿se siente un tanto iconoclasta?

Mi mundo es un mundo circunscrito en términos formales. De una manera general yo no fotografío en grande áreas, sino circunscritas. No considero mi fotografía iconoclasta, aunque entiendo que en un determinado momento se da esa destrucción de la imagen que guarda implícita tu pregunta; cuando lo visual desaparece y se establece una relación de cuerpo a cuerpo. La relación ahí ya no es la de estar mirando cara algo sino de convivencia, de estar enfrentando planos de personas que son más grandes que tú y eso transfigura completamente el mundo.

 

Jorge Molder comenzó con espacios vacíos y uno de sus últimos trabajos consiste en un vaciado tridimensional y literal de su propio cuerpo. ¿Por qué esas ‘forma perdidas', esa secuencia espectral de la memoria, de la presencia?

Hay una cierta continuidad con el tema del vacío como caída. Me interesa ese estado que acontece cuando estamos a punto de quedarnos dormidos y vivimos la sensación de estar cayendo. Desde ‘Secret Agent', la caída está siempre presente en mi trabajo. Puede tener que ver con la idea de desafío; caer y retomar. No es una caída en sentido moral, sino que tiene un sentido de abismo como algo en el que nos sumergimos, y esa inmersión es algo que deseas y rechazas al mismo tiempo. No tengo vértigo, el abismo me atrae. Asterix u Obélix tienen miedo de que les caiga el mundo encima, pero caer es entrar en otro reino, allí donde existen cosas que no esperas. Es descubrir otra dimensión.